Graffiti

Grafitos son palabras escritas en la pared. Un contenido habitual es el nombre del autor. El impulso de escribir el nombre en la pared existe en los humanos desde siempre, particularmente como recurso para dejar huella del paso por un lugar remoto o de valor simbólico.

Los niños han escrito siempre sus nombres en las paredes públicas. A finales de los sesenta, los niños y adolescentes de algunas ciudades de Estados Unidos llevaron la costumbre al extremo, ayudados por la aparición del aerosol y movidos por la alienación urbana y la proliferación de mensajes publicitarios.

Así surgió en Nueva York el fenómeno del graffiti, un juego basado en la competición: cada escritor de graffiti propaga su nombre para que aparezca más veces que el del resto. Pronto fue necesario hacer destacar los nombres estilizándolos y aumentando su escala. Las sencillas y pequeñas firmas se convirtieron en complejas caligrafías y enormes rótulos multicolores. Los vagones del metro, que multiplican la visibilidad del nombre al pasearlo por la ciudad, se convirtieron en el soporte perfecto.

En los ochenta, los medios de comunicación vincularon el graffiti con otras culturas neoyorquinas, dando lugar al hip-hop, que fue exportado internacionalmente a través de películas y documentales. El graffiti fue adoptado por adolescentes de todo el mundo de forma literal: sus estrechas reglas en cuanto a herramientas, lenguaje formal, metodología y valores, surgidas en los setenta, siguen rigiendo el comportamiento de los escritores del mundo entero.

Los escritores de graffiti trabajan para conseguir el respeto de sus pares. El mérito de un escritor se mide por la cantidad de veces que aparece su nombre, por lo arriesgado de los lugares en que este aparece, y por su estilo. El estilo no es solo la habilidad manual, es sobre todo el conocimiento de las tradiciones y registros formales establecidos, y la frescura en su reinterpretación.

El graffiti maneja, por tanto, un código cerrado, y está dirigido exclusivamente a un público especializado. El postgraffiti, por el contrario, se dirige al público general.

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Petro

Firma, pota y pieza, los tres formatos del graffiti.

Fotos (cc) de funkandjazz, Rob Larsen y Unity.