Descripción del proyecto

Lo público y el arte

Publicado en Madrid el 13 de abril de 2011

La plaza de Cabestreros, en Madrid, es un doloroso ejemplo del cambio de modelo urbanístico de las últimas décadas. Hasta hace unos meses la plaza tenía las cosas que hacen que una plaza se pueda usar: bancos a la sombra de árboles muy altos, columpios, fuentes, bastante extensión de tierra, una pista de deporte, incluso un modesto escenario y unas gradas.

Hoy Cabestreros es, literalmente, un erial: una explanada de piedra que acumula implacable el calor del sol. Los bancos son bloques de piedra, sin respaldo, alarmantemente parecidos a lápidas. Y no hay sombra: los enormes árboles han sido sustituidos por un par de hileras de arbolitos que nunca crecerán, porque bajo ellos apenas hay tierra. El espacio que ocupaban las antiguas raíces lo ocupan ahora cientos de coches. Y es que la plaza es, ante todo, la cubierta de un parking de varios pisos.

El espacio público a la medida de la persona se nos roba gradualmente. Privatizado, cedido a los coches, o a otros intereses económicos. Bancos a la sombra sustituidos por mesas de terraza con sombrilla, espacio visual desaparecido bajo más y más publicidad. Los nuevos espacios públicos son solamente un escenario. No están concebidos para habitarlos sino para pasar por ellos. Para verlos, consumirlos. El centro de la ciudad, transformado en parque temático para el turismo.

Espectáculo son también acontecimientos como La noche en blanco, que sustituye el bronce sobre pedestal por un arte público pretendidamente cercano, y vende una ilusión de participación en el espacio público. En realidad, un atracón alienado, pensado no tanto para construir criterios como para aturdir y crear una imagen de cultura brillante pero ficticia. Publicidad, que devora presupuestos y oculta la eliminación sistemática del espacio usable. Las conversaciones casuales en una plaza son los verdaderos ladrillos de la cultura de una ciudad.

Versión corregida del artículo del mismo título publicado en el quincenal Tribuna Complutense, Madrid, 12 de abril de 2011.