Descripción del proyecto

Arthur Stace, Mr. Eternity (1884-1967)

Publicado en Madrid el 30 de diciembre de 2008

Alcohólico y criminal desde niño, reformado y convertido en predicador evangelista, Arthur Stace escribió medio millón de veces “Eternity” en las aceras de Sídney entre las décadas de 1930 y 1960, hasta convertir la palabra en un símbolo de la ciudad. La única motivación detrás de su excepcionalmente prolongada campaña fue el proselitismo religioso.

Stace nació en 1884 en Balmain, un barrio deprimido de Sídney. Sus padres y sus cuatro hermanos y hermanas eran alcohólicos y pasaron buena parte de sus vidas en la cárcel. Durante su infancia, Stace dormía fuera de la casa para evitar la violencia paterna, y comía lo que lograba conseguir robando y buscando en la basura. No recibió ninguna educación. A los doce años fue tutelado por el estado, lo que no evitó su temprano alcoholismo. A los catorce consiguió su primer empleo, en una mina de carbón, y a los quince ingresó por primera vez en la cárcel.

En la edad adulta Stace era un hombre delgado, de 1’60 metros y menos de 45 kilos de peso. Con más de veinte años trabajaba como recadero llevando bebidas de un bar al burdel regentado por sus hermanas, y a varias casas ilegales de juego. También se involucró en bandas dedicadas al robo de pisos, para las que servía sobre todo de vigilante por su discreta complexión. Su vida de alcoholismo y crímenes menores fue interrumpida solo por la primera guerra mundial, durante la cual fue destinado a Francia para servir como camillero.

Regresó del frente gaseado y medio ciego de un ojo, e inmediatamente retomó sus hábitos, que le hicieron degenerar hasta el punto de vivir de la limosna y beber alcohol desnaturalizado. Intentó sin éxito librarse de su adicción mediante estadías voluntarias en hospitales y psiquiátricos. Pasó en numerosas ocasiones por la cárcel, y estuvo cerca de ser ingresado por orden judicial en un psiquiátrico de donde probablemente no hubiera salido jamás.

Eternity

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Dos de las escasas fotografías de Stace.

Eran los años de la gran depresión, y un alcohólico desharrapado como Stace no tenía ninguna posibilidad de encontrar empleo. Un día de 1930 asistió junto con otros trescientos indigentes a hora y media de homilía en una iglesia evangélica a cambio de té y un bollo. La experiencia cambió el rumbo de Stace, que con cuarenta y seis años abandonó repentinamente su modo de vida para convertirse en un beato. Desde entonces y hasta su muerte trabajó en la beneficencia y predicó en numerosas iglesias. Predicó también cada sábado en la calle –siempre en la misma concurrida esquina del centro de Sídney– con un estilo especialmente teatral, primero de viva voz y más adelante desde una furgoneta con luz y amplificación. Se ganaba la vida en el servicio de limpieza municipal. Contrajo matrimonio a los cincuenta y siete años.

Dos años después de su conversión, en 1932, Stace asistió a un sermón a cargo del pastor John G. Ridley, un conocido predicador de estilo especialmente duro, ex combatiente condecorado en la primera guerra mundial. El sermón, basado en un fragmento del Evangelio de Isaías (57:15), llevaba por título Los ecos de la eternidad. Durante su discurso, el pastor, normalmente disciplinado, apartó de pronto sus notas y gritó “Eternidad, eternidad. Me gustaría poder gritar esa palabra a toda la gente en las calles de Sídney.” Stace narra así la experiencia:

Continuó gritando eternidad, eternidad…, y sus palabras siguieron resonando en mi cerebro al salir de la iglesia. De pronto comencé a llorar y sentí una poderosa llamada del Señor para que escribiera eternidad. Tenía un trozo de tiza en el bolsillo, y junto a la iglesia me agaché y lo escribí. Lo gracioso es que, antes de escribirlo, apenas era capaz de escribir mi propio nombre. No tenía educación, y no me hubiera sido posible deletrear eternidad de ninguna manera. Pero me salió suavemente con una bella escritura cursiva inglesa. No pude entenderlo, y sigo sin poder.

Efectivamente, Stace era prácticamente analfabeto. Su mujer le leía las cartas y escribía las respuestas que él dictaba. En sus propias palabras, “lo he intentado una y otra vez, pero lo único que consigo escribir en cursiva inglesa es eternidad”.

Stace era prácticamente analfabeto: «lo he intentado una y otra vez, pero lo único que consigo escribir en cursiva inglesa es ‘eternidad’»

A partir de aquel momento Stace convirtió la escritura pública de la palabra eternity en su misión personal, y la escribió al menos cincuenta veces al día durante el resto de su vida. Todas las mañanas se levantaba a las cuatro, rezaba hasta las cinco, desayunaba y salía a la calle, vestido siempre de forma muy correcta, con corbata, traje y sombrero. Cada día se dirigía a una zona diferente, tanto en el centro de Sídney como en barrios y pueblos, incluso a veinte kilómetros de la ciudad. Afirmaba que Dios le indicaba la noche anterior el camino que debía recorrer. Llegó a llevar su mensaje a Melbourne, a 1600 kilómetros. Escribía en las aceras cada cien metros, y en el suelo junto a las entradas de las estaciones de tren, de forma que los trabajadores que llegaban a la ciudad veían la palabra recién escrita. Volvía a su casa a las diez de la mañana y después del trabajo continuaba su misión, a la cual pasó a dedicar casi todo su tiempo tras jubilarse.

Comenzó escribiendo con tiza amarilla, que pronto sustituyó por ceras, más resistentes a la humedad. Consideraba la palabra eternity un “sermón de una palabra” especialmente efectivo, que “hace llegar el mensaje, hace a la gente pararse y pensar.” Sólo lo sustituyó brevemente a los ocho o nueve años de actividad por Obey God (obedece a Dios), y cinco años más adelante por God or sin (Dios o pecado) y God 1st (Dios primero).

No encontró muchos problemas en sus más de treinta años de campaña callejera. Durante un tiempo, alguien modificaba sistemáticamente sus escrituras de manera que dijeran maternity. Stace respondía trazando una E mayor encima de la enmienda. Fue enfrentado en veintitrés ocasiones por la policía, de la que se defendía diciendo: “Sé que hay una ley que prohíbe manchar las aceras, pero yo tengo autoridad que proviene de un estamento mayor.” En una de esas ocasiones respondió al agente: “Es una palabra de la Biblia que quiero que la gente lea, y no olvides que cuando ingresaste en la policía juraste sobre ese libro”. Nunca fue arrestado.

Stace consideraba su campaña una misión evangélica, y nunca buscó notoriedad personal. Con el tiempo su trabajo se fue haciendo cada vez más popular, mientras su identidad continuaba siendo un misterio. Los columnistas locales especulaban, y varias personas entraron en las redacciones de los periódicos clamando ser el personaje que la prensa había apodado Mr. Eternity. Por fin, en 1956, Stace fue sorprendido in fraganti por el pastor de su parroquia. El descubrimiento se divulgó, y el Sydney Sunday Telegraph publicó en seguida una entrevista con Stace. Otra entrevista, transmitida por radio en 1964, está accesible en internet (MP3 1,7MB, 4’23”). Arthur Stace murió en 1967.

La obra de Stace es un icono de la ciudad de Sídney, y ha influido a numerosos artistas, poetas y cineastas durante décadas. Martin Sharp, máximo exponente del arte pop en Australia, la ha utilizado a menudo. Grupos evangelistas australianos han adoptado a Stace como figura ejemplar y han llevado a cabo campañas de escritura en el suelo de la popular palabra.

En el año siguiente a la muerte de Stace el ayuntamiento de Sídney propuso la instalación de una serie de placas que conmemoraran su memoria, pero la iniciativa no prosperó. Durante la remodelación de la Plaza de Sídney en 1977 el arquitecto a cargo, Ridley Smith, logró la instalación de un sencillo monumento consistente únicamente en la palabra eternity, escrita con el estilo de Stace, incrustada en la calzada en letras de aluminio de unos veintiún centímetros. El arquitecto tenía un interés personal en la memoria de Stace, a quien solía escuchar predicar en la calle cuando niño. Su nombre de pila es además un homenaje de sus padres a John G. Ridley, el predicador que inspiró la campaña de Stace.

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La placa instalada en 1977. Imagen de Wikimedia Commons.

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Muestra del trabajo de Stace conservada en la Colección del National Museum of Australia. Tiza sobre cartón.

El momento más visible en la adopción de Stace como símbolo de Sídney tuvo lugar durante la celebración de la nochevieja de 1999 en el puerto de la ciudad. Tras los esperadísimos fuegos artificiales, y ante una audiencia de un millón de personas, se encendió sobre el icónico puente del puerto una enorme réplica luminosa de la característica escritura de Stace. El espectáculo se reprodujo unos meses después como parte de la inauguración de los juegos olímpicos de la ciudad, esta vez ante los ojos de infinidad de millones de teleespectadores.

Un año después, el ayuntamiento de Sídney inscribió el logotipo en el registro de la propiedad intelectual, para evitar su explotación comercial o privada. Según leía el comunicado, la obra “es parte de la historia de Sídney y se ha convertido en un verdadero icono de la ciudad. Así pues, de la misma manera que el Ayuntamiento toma medidas para proteger los edificios históricos de usos indebidos, también Eternity merece ser preservada como bien público.” El uso artístico o social es permitido.

En 1994 se emitió en la televisión australiana Eternity, un poético documental que dramatiza escenas de la vida de Stace en estilo de cine negro, y en 2003 se estrenó la ópera The eternity man, basada en la vida y obra de Stace. El importante cineasta británico Julien Temple, conocido sobre todo por sus retratos de los Sex Pistols, presentaba hace unos meses una película musical del mismo título basada en la ópera. La cinta podría contribuir a la divulgación internacional de la obra de Stace, hasta ahora desconocida fuera de Australia.

Eternity

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Las películas acerca de Stace, estrenadas respectivamente en 1994 y 2008.

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Postal de Sídney que muestra el puente del puerto en la nochevieja de 1999.

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Martin Sharp: Eternity Haymarket, 1977. Serigrafía, 67 × 89 cm.