Comencé a tomar las fotos que formarían la serie Pifostio hace ya casi diez años, por el sencillo impulso de preservar algunos trabajos de rotulación popular, efímeros y que me parecían valiosos. Pronto vi que el potencial era mucho mayor de lo que había imaginado. Los siguientes años pasaron por largos y lentos paseos, en su mayoría nocturnos, por un Madrid metido de lleno en una transformación salvaje a todos los niveles.
Nunca intenté llevar a cabo una labor metódica de documentación que pudiera funcionar como herramienta de análisis objetivo. Se trata en cambio de un trabajo intuitivo, íntimamente ligado al que era entonces mi modo de vida. Las imágenes son producto de una actitud cercana al paseo sin rumbo fijo, ayudado por la cámara digital de bolsillo.
La acumulación de imágenes fue formando mi mirada y descubriéndome lo enormemente bizarro del entorno gráfico madrileño, una cualidad que hasta entonces no me había resultado evidente, quizá precisamente por su ubicuidad. Al cabo de varios años tenía más de cinco mil imágenes, momento en que decidí poner orden y acometer la parte intelectual del trabajo. Con una beca del Conde Duque de Madrid imprimí la colección, que acabó exhibiéndose en Photoespaña, el II Congreso de Tipografía de Valencia y el propio Conde Duque.
Hoy, parte de los motivos protagonistas de Pifostio ya no son tan habituales. Muchos pequeños negocios surgidos en aquellos años, por ejemplo, han cambiado su rótulo por otro producido de forma profesional, una vez asentados. En general, el lavado de cara que se está queriendo dar a Madrid, y que la ciudad acepta de mala gana, convertirá en unos años a Pifostio en el retrato de una época pasada.
Voy a publicar de tanto en tanto en Urbanario pequeñas selecciones de imágenes de la colección. Aquí va la primera. Se trata de cubos de basura de portales y negocios, que pasan las noches en la calle esperando al camión de la basura, y que los porteros rotulan para evitar extravíos. Puedes ver más cubos en Pifostio.es.












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