La técnica de escritura o dibujo mediante la limpieza selectiva del hollín de las paredes urbanas está últimamente en boca de todos. Zevs la practicó en Outsides, el extraño experimento de vandalismo esponsorizado celebrado en Alemania en 2006. El británico Moose la vende al mejor postor a través de su empresa especializada. Y sobre todo el brasileño Alexandre Orion la ha hecho famosa con su pieza de 2006 Ossario.
Otros fenómenos relacionados con el graffiti, las paredes y su limpieza suelen pasar sin embargo más desapercibidos. Me refiero a esas manchas grises que surgen cuando los servicios municipales repintan parcialmente las paredes para hacer desaparecer las pintadas.
Como no podía ser de otra manera existe una pequeña cultura global, conectada a través de internet, de apreciación de este fenómeno. En el grupo de Flickr The secret art of graffiti removal (El arte secreto del borrado de graffiti) se reúnen ya más de mil quinientas imágenes de este tipo de intervenciones. Se ha propuesto también un proyecto de recopilación de imágenes para la publicación de un libro. Y es que aún siendo el resultado de una acción puramente utilitaria, en estas manchas grises se encuentran no sólo valores plásticos, sino sobre todo paradojas inesperadamente estimulantes.
Por un lado el limpiador ha de tomar decisiones cromáticas, aunque las opciones sean limitadas. Entra dentro de su criterio esforzarse más o menos en imitar el tono original de la pared. Por otro ha de tomar decisiones formales en cuanto a la ubicación y forma de las manchas. Si la ubicación está determinada por la pintada que se quiera borrar, la forma no lo está tanto, y va desde el simple rectángulo hasta la mancha irregular que sigue el contorno de la pintada.
De modo que las composiciones resultantes no son tan aleatorias como se pudiera pensar. Son el resultado de una verdadera colaboración en la que se funden los criterios y voluntades del vándalo y del limpiador. Incluso cabría defender la teoría de que el limpiador está trabajando para el vándalo, siguiendo sus instrucciones para la consecución de una obra final.
En cualquier caso es imposible evitar que todo esto suscite cuestiones acerca del fin último del borrado de pintadas, hasta qué punto entran en juego dos voluntades diferentes: el deseo de mantener las paredes lisas y el de acallar voces independientes.
El buque insignia y origen de la cultura de apreciación del borrado de graffiti es el excelente documental corto de 2001 The Subconscious Art of Graffiti Removal del director de Portland Matt McCormick (link a una versión reducida). Se trata de una hilarante parodia que caricaturiza el lenguaje del arte culto y lo utiliza para analizar lo que el autor llama El arte inconsciente del borrado de graffiti. Examina y clasifica los diferentes tipos de manchas, traza paralelismos con Rothko o Malevich, y sobre todo nos abre los ojos al potencial de un fenómeno tan ubicuo como inadvertido.
Las primeras imágenes son mías, las últimas de Lord Jim, Duncan y Zen.






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[...] a hablar de la limpieza del graffiti y de los parches de pintura gris con que suele cubrirse. El norteamericano Fred Radtke, conocido como el Gray Ghost (el fantasma [...]
[...] a las diferencias entre graffiti y postgraffiti, modificación y réplica de elementos urbanos o el arte de borrar graffiti. Bueno, y muchas otras cosas que me han hecho pensar en mi amplio desconocimiento de este tipo de [...]
[...] otro lado, hablaremos sobre la relativamente nueva cultura de apreciación del borrado de graffiti, y visionaremos fragmentos (subtitulados al castellano) del documental que le dio origen, el [...]
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